Volar. Vivir.

El martes no era un buen día para volar pero era el día en el que miles de viajeros levantábamos los pies del suelo.

Primer avión sin problemas. Y sin noticias.

Al aterrizar, llegan los mensajes y los rostros se ensombrecen. Algunos se quedan en Madrid, otros seguimos ruta. Yo agradezco que aún no se note una mayor presencia policial, que parezca un día más en el aeropuerto. Sin embargo, cada ‘que tengas un buen viaje’ hace que un escalofrío me recorra la espalda. No es miedo. Es calma, tensa.

Un par de llamadas mientras corres a tu siguiente puerta de embarque, un mensaje a quien sabes que aún duerme al otro lado del mundo. No es miedo. Es saber quiénes son los pilares de tu vida.

Una vez a bordo tienes tiempo de sentir y pensar. Pero pronto empieza la rutina, esa que te ayuda a dejarte llevar.

Sí, claro que es miedo, pero elegimos no parar.

Elegimos volar.

Elegimos vivir.

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Volar. Vivir.

7 comentarios en “Volar. Vivir.

  1. Susanna G dijo:

    Sí, qué remedio, la vida sigue. Una amiga mía iba en el vuelo del piloto suicida. Son múltiples los peligros y cada vez mayor el miedo, pero no nos debe paralizar.

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