Médico de cabecera, primera toma

Ahora que ya sé qué hay que hacer cuando te pones un poco malo y no tienes un médico de cabecera, el siguiente paso es ver qué hay que hacer para estar registrado en un centro de atención primaria.

El centro lo teníamos ubicado y elegido: el que está más cerca de casa. Cojo pasaporte, papeles del seguro, cartera, llaves, los ojos de mirar bien, las orejas de no perderse detalle y paciencia conmigo misma, por si acaso. Salgo convencida de que hoy vuelvo a casa con médico para los dos.

Pero ya os imagináis que me equivoqué, ¿verdad?

Al llegar al centro de salud me explican que el proceso de registro se hace por teléfono después de haber elegido médico. Te dan unos tarjetones con información sobre aquellos que en ese momento aceptan pacientes (entiendo que el resto tiene la agenda completa) y te dan el número al que tienes que llamar.

Aunque creía haberlo entendido bien, como el proceso no me encajaba en lo que yo suponía que sería la forma más eficiente de funcionar, volví a preguntar. Reformulé lo que yo había entendido y pregunté si era así. Y sí.  Así que media vuelta y para casa.

Leímos los tarjetones, miramos las fotos de los médicos y elegimos uno. Es raro porque eliges sin mucho criterio pero es de suponer que son todos buenos así que llamo para apuntarme (tenemos que apuntarnos cada uno en una llamada, y en persona, nada de ‘por mi y por toda mi familia’). Me toman nombre y número de teléfono y me dicen que me volverán a llamar para solicitarme el resto de datos que necesitan (me vuelve a chirriar la eficiencia, pero sus razones tendrán).

Cuando me llaman, me piden mis datos personales y me dan cita para dentro de tres semanas… ¿me habré explicado mal? Si yo no quería cita, que no me pasa nada… así que vuelvo a preguntar (últimamente pregunto mucho). Y si, lo he entendido bien, la cita es para abrir el historial.

Así que sí, habrá otra entrega.

Y os la contaré, claro.

 

 

 

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Médico de cabecera, primera toma

Aprendiendo a ir al médico

Un día te levantas con molestias. Reconoces los síntomas y sabes que toca ir al médico. Y como es algo que no has hecho antes en tu nuevo país, sabes que ese día te toca aprender.

Sabes que en el Pueblo hay un hospital pero no es nada serio así que no vas a ir a urgencias… ¿entonces? ¿dónde hay que ir? ¿qué hay que hacer?

Lo primero, llamar a quien ya lleva aquí una temporada larga, son nuestra principal fuente de referencias, pero en este caso las instrucciones no son muy claras… ellos no han tenido que ir al médico de cabecera así que desconocen los pasos pero me dan unas indicaciones de dónde podría ir.

Primera opción, ir a un centro de salud. Al llegar a uno de los centros que tenemos en el Pueblo me dicen que para que me puedan atender tengo que estar registrada. Y que si no lo estoy tardarán unas seis semanas en asignarme un médico. Mmmm… vale, pues para hoy esta solución no me sirve. Eso sí, tomo nota: tengo que llevar nuestros datos y hacer el registro, por si acaso.

Como suponía que en cualquiera de los otros centros me va a pasar lo mismo, voy directamente al plan B. A la farmacia de la calle 31. En esa farmacia hay algo que llaman ‘minute clinic’ que no es ni más ni menos que una consulta con una enfermera que te puede atender para cuestiones menores. Y ahí sí, la atención fue bastante rápida y la sensación muy buena. Sólo hay una diferencia importante: nada más decirte que te sientes, antes incluso de preguntarte qué es lo que te pasa, te preguntan si tienes seguro médico. Y, una vez que saben cómo van a cobrar, te atienden a la perfección.

pillsforblog

Cuando tienes tu diagnóstico, mandan la receta a la farmacia (la receta no pasa por manos del paciente en ningún momento), pagas y vas a recoger tu bote con pastillas. Y adivinad cómo es el bote… ¡pues como en las películas! Y con el número exacto de comprimidos que te han recetado (¡minipunto para ellos! me gusta que no queden pastillas rodando por el botiquín).

Un par de horas después de haber salido, vuelvo a casa con mi tratamiento y con un montón de pensamientos variados:

  • lección de ‘cómo ir al médico’, aprendida
  • al no encontrarme muy mal, disfruté del aprendizaje (¡bien!)
  • qué torpes somos en entornos desconocidos
  • si te relajas y eres capaz de reírte de ti mismo, esa torpeza es divertida
  • menos mal que no me encontraba muy mal (sí, ya sé que es pensamiento repetido… pero es que lo pensé varias veces ;o)
  • tenemos que registrarnos en un centro de salud y no esperar a estar malos de verdad
  • la atención que recibí fue muy buena
  • la atención que recibí ma pareció cara
  • los medicamentos me parecieron caros
  • es posible que me parezca caro porque es la primera vez que pago el coste íntegro de una consulta de cabecera (y ni en este caso ni siquiera era un médico) y de unos medicamentos
  • qué suerte tenemos de tener sanidad pública en España
  • los seguros médicos que contrato cuando salgo de Europa, compensan
  • si no hubiera hablado inglés, posiblemente habría pasado un mal trago
  • si no hubiera tenido seguro o dinero no me habrían atendido a menos que mi vida hubiera estado en peligro
  • qué suerte que hablo inglés, qué suerte que tenemos amigos a los que preguntar, qué suerte que no nos tenemos que preocupar por el seguro o el dinero… en resumen, qué suerte tengo ¿no?
  • ¿cómo será todo esto para un extranjero no comunitario en España?

 

[Añadido: ya estoy bien del todo, esto fue hace varias semanas, no fue nada serio y el tratamiento que me dieron funcionó a la perfección :o) ]

 

Aprendiendo a ir al médico

Driving in the USA

Para conducir por aquí lo único que necesitas es tu carnet internacional, ese librito como de otra época que te dan en Tráfico. Con eso y una tarjeta de crédito ya puedes alquilar un coche y lanzarte a la carretera. carnet

Claro que hay algunas cosas que, al menos yo, tuve aprender el primer día que me puse al volante.

La primera, y posiblemente la más fácil, es que los coches aquí son automáticos. Tienes que aprender a no utilizar la pierna izquierda para nada de nada y acordarte de lo que significan las letras de la palanca de cambios: P cuando estás aparcado, R marcha atrás, D para conducir, N punto muerto y L para conducir en marchas bajas. El resto es coser y cantar.

Lo segundo es aprender las normas que difieren de las nuestras. Las señales son fáciles, se parecen mucho a las de España y en muchos casos está escrito (y no sólo representado) lo quieren decirte. Así que las señales, sin mayor problema.

Pero hay alguna otra cosilla que conviene no olvidar:

  • Ante un semáforo en rojo puedes girar a la derecha siempre y cuando cedas el paso al tráfico que está circulando.
  • Si el semáforo en rojo parpadea es un STOP.
  • Cuando llegas a un cruce en el que ambas vías y en ambas direcciones tienen un STOP (4-way), la preferencia va en el orden de llegada. Y da gusto ver cómo se respeta.
  • Si ves un autobús escolar parado y con los cuatro intermitentes encendidos, ya sea en bustu carril o en el contrario, hay que parar.
  • Cuando un vehículo de emergencia se aproxima con las luces encendidas, el mundo se para. No sólo te apartas para dejar paso, también tienes que pararte hasta que la ambulancia, policía o bomberos hayan pasado.
  • Y en Indiana (aún no sabemos muy bien si en el resto de estados también es así) si hay un vehículo de emergencias parado en el arcén, hay dejar el carril más próximo a ellos libre. Es decir, en autopistas hay que pasar de la izquierda y en vías de doble sentido, siempre y cuando no venga nadie, hay que ir por el carril contrario. Y si no se puede, hay que reducir mucho la velocidad y pasar junto al vehículo de emergencia muy despacito.
  • Y por último, si te para la policía, baja la ventanilla, enciende la luz interior (si es de noche), pon las manos en el volante y no te muevas hasta que el agente no te indique lo contrario. Puede parecer exagerado (y a mi me da miedo sólo de pensarlo) pero hay que tener en cuenta que aquí los policías no saben lo que se van a encontrar al acercarse a tu coche… puede ser un turista asustado, un ciudadano de bien o uno que no dudará en sacar un arma de la guantera si la cosa se pone fea.

No voy a negar que al principio conducir por aquí da un poco de respeto… igual que en cualquier otro país que no es el tuyo, pero en general es fácil. El volante está a la izquierda y se circula por la derecha, los límites de velocidad son bastante bajos, hay bastante tráfico pero los carriles son anchos, las carreteras rectas y algo aburridas (aunque el firme no es nada bueno) y. al menos en el Pueblo, los conductores son muy respetuosos. Y aparcar… si eres de los que nunca encuentras un sitio suficientemente grande ¡este es tu sitio!

Driving in the USA

El coche

Como no podía ser de otra manera, además de Pueblo y Casa, hay Coche.

Aquí las distancias son enormes y aunque tengas mucho tiempo libre y muchas ganas de pasear, no podrías ir a pie al supermercado, al banco o a tomarte unas cervezas . El Pueblo no está preparado para caminar. Sí que se puede pasear, hay parques y rutas para ciclistas, patinadores y paseantes.  Pero desplazarse a pie… no es una opción.

Así que estaba claro desde el principio. Necesitaba un coche. Viejo, nuevo, grande, pequeño, comprado, de leasing… opciones había muchas y la oferta es enorme. De hecho, una de las cosas que me sorprendió es lo fácil que es comprarse un coche aquí. Los concesionarios tienen muchísimos coches en exposición (igual que en las películas, con los globos de colores incluidos) y tú vas, eliges el que te gusta, comprueban tu historial de crédito, contratas el seguro, te dan una matrícula provisional y te lo llevas puesto.

autodealer
Hoy no había globos para la foto… llevamos unos días con demasiado viento

Así de sencillo… siempre y cuando tengas historial de crédito. Y nosotros no lo teníamos. En nuestro Otro Banco, el de España, saben que somos buenos pagadores, pero para los bancos americanos somos elementos de alto riesgo pues no tienen registro de nuestro comportamiento ante la deuda. Y daba igual si dábamos una entrada mayor o menor, daba igual los ingresos familiares, lo único que pesaba era el hecho de que no teníamos historial de crédito. Afortunadamente encontramos una marca con un programa para expatriados (en esta zona abunda la especie) que nos puso las cosas un poco más fáciles.

Nos costó pero desde que tengo coche soy completamente autónoma y cuando voy en él no puedo evitar sonreír: además de permitirme ser independiente… ¡es rojo!

coches

El coche