Memorial Day

Algo hay en el ambiente estos días… y no sé muy bien qué es lo que es… Bueno sí lo sé pero no sé exactamente cómo es. El lunes es Memorial Day, último lunes de mayo y día en el que se honra a los caídos en combate.

Las calles y las tiendas se han empezado a llenar de los colores nacionales, hay ofertas especiales para animarte a gastar  y en Indianápolis ya se oye el rugir de los motores… el domingo se celebran las 500 millas.

En el Pueblo nos han contado que el lunes hay un desfile con muchas banderitas, cañones y música patria. Y supongo que, igual que aquí, en muchos otros pueblos harán lo posible por honrar a todos los soldados caídos en las múltiples guerras en las que han participado. Por lo pronto, esta tarde hay concierto de la orquesta sinfónica delante del ayuntamiento (sí, sí, tenemos hasta Orquesta Sinfónica del Pueblo). Ayer ya estaban ensayando y esta mañana los más madrugadores ya habían reservado su sitio.

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Todos los que no quieren perderse detalle

Nosotros, aprovechando que tenemos un fin de semana largo, nos vamos de excursión. Tres días a las montañas… a las Smoky Mountains, en los Apalaches. Nos perderemos el desfile pero quizá encontremos otro desfile en otro pueblo. Y lo que es seguro es que disfrutaremos descubriendo una zona nueva de nuestro nuevo país.

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Memorial Day

¿Qué llevas en la maleta?

Muchos me preguntáis qué me llevo cuando viajo de vuelta a USA y, curiosamente, casi nadie me pregunta qué traigo cuando vengo a España (debe de ser porque todo el mundo piensa que lo mejor del mundo mundial ya lo tenemos aquí ;o)

Cada viaje lleva maletas asociadas. Y ninguna es igual a la anterior.

La primera maleta llevaba principalmente ropa, de mi chico, que era el que se quedaba allí. Mi ropa iba en el equipaje de mano.

En la segunda maleta volví a llevar ropa de mi chico y alguna golosina para que no se le hicieran tan largos los primeros cuatro meses que iba a pasar allí.

La tercera maleta llevaba mi ropa. Y poco más. Seguro que sabéis que 23kg de equipaje no dan para mucho.

¿Y la cuarta? Pues principalmente alimentos. No es que echemos muchas cosas de menos, casi todo lo que comemos en Asturias lo podemos encontrar también en Indiana (o en el estado vecino, Ohio) pero hay alguna cosilla que no hemos localizado y alguna otra que tenemos, pero que es muy cara. ¿Y qué cosas son esas? Tomate frito (a uno de los dos le encanta, y no soy yo), aceitunas, atún en lata del rico, banderillas, manzanilla con anís, infusiones diferentes, anís del mono, azafrán, pimentón de la vera, arroz redondo… y alguna otra cosa que no está permitido meter en el país y que mejor no pongo por escrito ;o)

¿Y la quinta maleta? Pues va vacía. Tanto es así, que no llevo nada más que equipaje de mano. Realmente no necesitamos nada, en breve estaremos los dos aquí de vacaciones y, sobre todo, llevar maleta hace que las colas de inmigración que tienes que pasar sean mucho más largas y que la última conexión de vuelos sea más lenta, pesada y estresante que si vas ligero de equipaje.

¿Y tú, qué llevarías?

¿Qué llevas en la maleta?

Las horas

Qué lío de horas…

Esto de que tus dos mundos estén separados por seis horas es un lío. Vaaale, mejor seis que siete o que nueve, lo sé…  las cuentas son más fáciles pero aún así es un lío…

Admiro a las personas que saben perfectamente en qué sentido van las horas… no las agujas del reloj, que eso también lo sé yo, sino aquellas personas que saben que si vuelas hacia el oeste ganas horas, y que las pierdes cuando vuelves; y que el jet lag en un sentido es mayor que en el otro; y qué decir de aquellas que saben en qué momento del día se encuentran cuando los auxiliares de vuelo te traen la comida/desayuno/cena/merienda.

Yo algún día espero ser una de esas personas pero de momento voy buscando mis trucos para no confundirme demasiado.

  • En La Casa tengo dos relojes, uno con la hora de cada uno de mis mundos. Esto es especialmente útil cuando estoy en América pero trabajo en España.
  • En los aviones, entro en un espacio de no-tiempo en cuanto embarco. Como lo que me traen las azafatas sin cuestionarme nada. Intento dormir algo cuando bajan la intensidad de la luz y como no lo suelo conseguir, mantengo mi cerebro con actividad mínima. Es el modo ahorro de energía porque indistintamente de la hora a la que llegue sé que voy a tener un día muy largo y que voy a estar agotada.
  • Y cuando aterrizo… intento seguir el ritmo del día o de la noche… según lo que toque. Mejor no preguntar a mi cuerpo qué hora cree que es y mejor no concederle las siestas que pide a gritos.

¿Y qué es lo que pasa con tanto viaje y tanto cambio de horas? Pues a veces nada. A veces casi ni me entero de que he saltado en el tiempo… pero otras veces el jet lag pega con fuerza y, en función del sentido del salto, un nubarrón de sueño me acompaña a todas horas o una mente clara despejada me visita a las 4 de la mañana. Suele durar unos cuatro o cinco días y, aunque no es nada insoportable, entorpece bastante y te hace parecer bastante más lenta y torpe de lo habitual.

Para la próxima (que será dentro de poco) creo pondré en práctica alguna de las recomendaciones de los viajeros más expertos. Y ya os contaré si funcionan.

 

Las horas