9 de noviembre

Sorpresa. Asombro. Incredulidad.

No en el Midwest.

No en Indiana.

Vivir alejada de las costas y de las grandes ciudades te enseña una América desconocida para muchos. Un país en el que hay pequeñas poblaciones, grandes extensiones, industria, agricultura. Un país en crisis donde vive una mayoría blanca, de familias numerosas, conservadora, religiosa, orgullosa de su país, de sus derechos y libertades, de las armas con las que se sienten protegidos. Una mayoría con unos valores incompatibles con las uniones homosexuales, la transexualidad o con el aborto y que no tolera las mentiras de sus dirigentes. Ciudadanos cansados de ver cómo su nivel de vida no mejora, enfadados con su clase política, con las élites que les dan la espalda. Una mayoría que padece sobrepeso, malnutrición, diabetes, hipertensión y que tiene un acceso limitado a la sanidad. Una mayoría para la que la educación de sus hijos es la mayor inversión de sus vidas. Una mayoría que no tiene pasaporte, que no viaja, ni dentro ni fuera de su país.

Podría hablaros de otra América pero esa no creo que haya votado al candidato republicano.

No es fácil de entender pero aquí no nos sorprende.

9 de noviembre

Election day 2016

Las miradas están puestas en Estados Unidos. Dicen que hoy se elige a la persona más poderosa del mundo y me parece un buen día para responder a la pregunta que tantas veces me habéis hecho en los últimos meses: ¿cómo estás viviendo las elecciones?

Con curiosidad.

Hoy termina un proceso que ha durado más de un año y, aunque puede parecer eterno, ha sido menos duro que los quince días de campaña de cualquiera de nuestras elecciones. Al menos para nosotros que estamos en el Pueblo y que no vemos apenas la tele. Si eres de los que tienes el canal de las noticias siempre encendido, habrías sufrido mucho. El bombardeo es constante: noticias, debates, tertulias, especulaciones, rumores, anuncios… Es un no parar. Y de todo ello, lo que más me ha sorprendido son los anuncios. Porque en la mayoría sacan todos los trapos sucios de sus oponentes. Sin miramientos. Sin eufemismos. Sin presunciones. Impresionante.

Sin embargo, en las calles, todo es mucho más tranquilo. El el Pueblo ves pancartas en algunos jardines particulares, pero casi todas llevan sólo el nombre y los colores de los candidatos. No hemos visto muchas fotos de campaña ni hemos escuchado mensajes machacones saliendo de los altavoces de un coche. No hay contaminación electoral.

En algunos eventos de la comunidad se nota la implicación de los militantes o de personas afines a los dos principales partidos. La sensación es de que la campaña en los sitios pequeños se hace a pie de calle. Aunque, claro, también hay mítines, pero nosotros no hemos asistido a ninguno y además los emiten las televisiones del mundo…  así que no puedo contaros más de lo que ya sabéis.

Con mucha curiosidad.

Antes de venir no podía entender que hubiera personas que apoyaran a Trump y no acababa de entender por qué Hillary causa tanto rechazo. Ahora más que entenderlo, lo veo. Vivimos en un estado con mayoría republicana así que nuestro entorno tendrá que estar lleno de razones de peso… la desigualdad social, la pobreza (a pesar de que aquí la tasa de desempleo ronda el 3%), niveles bajos de educación, y el miedo a lo desconocido, a lo que está más allá de sus fronteras. Pero no es solo eso, también argumentan su apoyo a Trump con una profunda convicción republicana, con su derecho a defenderse y a portar armas y con su absoluta condena al aborto. Bueno, y con su rechazo a ultranza a Hilary.

Pero, ¿por qué Hillary, que en Europa parece una candidata ideal o al menos aceptable, aquí desata reacciones viscerales? Uno de los argumentos que he oído en más ocasiones ha sido ‘por mentir’, por el escándalo de los correos. Ya. Claro. Si es que mentir está fatal. Es lo peor. Y más en un político. Pero yo, que llevo viendo cómo en mi país los dirigentes parece que la mentira es la menor de las afrentas que nos hacen a los ciudadanos… pues como que no lo acabo de entender. Bueno, lo entiendo… pero no lo suficiente como para que Trump me parezca una buena opción.

Con calma, curiosidad y esperanza.

Nosotros no podemos votar aquí con lo que no sentimos esa responsabilidad.  Y eso te quita un peso de encima. Claro que el resultado nos afectará, de eso no hay duda, a nosotros y al resto del mundo. Pero estoy casi segura de que, sea cual sea el resultado, las cosas no van a cambiar tanto. Y si lo hacen, y si este deja de ser un buen sitio para vivir, nada nos ata aquí tan fuerte como para no poder hacer las maletas y volver a Europa. Por eso, con calma.

Con curiosidad por saber qué va a pasar y por ver cómo este mundo loco en el que vivimos va gestionando los sobresaltos con los que nos despierta casi a diario.

Y con esperanza, con la ingenua esperanza de que, de alguna manera, mañana será un día un poco mejor.

 

Election day 2016