¿Hay carta, cartero?

Cuando era pequeña jugábamos a un juego en el que cantábamos zapatito por detrás, ni lo ves ni lo verás… y llegaba un momento en el que preguntábamos ¿hay carta cartero?

Ahora, ya de mayor, cuando abro el buzón de casa a veces oigo esa pregunta en mi cabeza… y al venir a Estados Unidos pensé que no iba a hacerme falta preguntar porque la banderita roja que hay al lado de los buzones iba a estar levantada siempre que hubiera algo que recoger.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPero no. Estaba equivocada. Resulta que no es para avisar al dueño de la casa de que tiene correo, sino para avisar al cartero de que has dejado algún sobre franqueado para que lo recoja y lo lleve a correos. Vale, mi deducción (a saber con qué película llegué yo a esa conclusión) había sido errónea pero la banderita me sigue encantando. Es muy cómodo no tener que ir al buzón cada vez que quieres mandar una carta. Sobre todo porque en el Pueblo he visto muy pocos.

Pero que no haya muchos buzones para echar las cartas no quiere decir que sea un servicio en desuso. Aquí los carteros tienen un movimiento… Las administraciones se comunican contigo por correo, las facturas se pueden pagar enviando un cheque por correo, y hasta la matrícula del coche te la mandan al buzón. Y, por supuesto, la publicidad te la trae el cartero. También es muy común comprar por internet y los envíos… te los trae el cartero.

Todos los días ves los cochecitos de correos por las calles y carreteras y, casi un año después, me siguen haciendo mucha gracia. Tienen una forma peculiar, simpática, y el volante lo tienen a la derecha, para estar al lado de los buzones… mucho más cómo y seguro, ¿no os parece?

usps

Siempre me han gustado las cartas, los paquetes, las postales. Soy una romántica, lo sé… o una ingenua porque me encanta incluso cuando me llegan paquetes que he comprado yo. En cualquier caso, a la niña que hay en mí le siguen gustando los sobres, los sellos, el papel de verdad y escribir a mano.

Y tú ¿cuánto hace que no mandas una carta?

 

¿Hay carta, cartero?

Raza y etnia

Hasta que no salí a vivir fuera de España, nunca había pensado en mi raza. Raza y etnia no parecían importar en mi mundo. Sí en las noticias, donde escuchaba hablar de tutsis y hutus y sí en los libros y en las películas, donde se hablaba de la raza aria. Raza parecía ir siempre unido a guerra, masacre, genocidio. Afortunadamente no he tenido que vivir de cerca esos horrores, y supongo que por eso nunca pensé mucho en ello. O igual es porque era una niña. O porque en mi pequeño mundo, por aquel entonces, todos éramos de un color muy parecido.

Sin embargo, cuando viví en Berlín, o en Londres, ya como joven adulta, vi un mundo con muchos más colores de piel y muchos más rasgos, físicos, de vestimenta, de conducta, que nos identificaban como pertenecientes a un grupo o a otro. Aún así, si me hubieran preguntado mi raza y mi etnia, probablemente habría dicho que era ‘blanca, más bien paliducha’, sin más. Mi reflexión no iba mucho más allá, creo que porque seguía sin necesitarla.

Pero para eso están los formularios oficiales, sí señores, para enseñarte. Para ponerte en un aprieto porque no sabes qué casilla tienes que marcar cuando tienes que definir tu raza. Para  que, después de intentar deducir por eliminación cuál es la tuya, te veas obligada a preguntarle al funcionario inglés por tu raza. Y para que sea él quien te diga, entre sorprendido y divertido, que eres ‘white caucasian’.

Así se aprende. Y no se olvida. Y con la lección bien aprendida he ido cumplimentando con soltura todos los formularios que me he ido encontrando por la vida… hasta ahora. En los formularios de Indiana ‘white caucasian’ no aparece. Y vuelvo a no sentirme identificada con las etiquetas que me ofrecen. Yo me sigo viendo blanca, sin más, pero ahora ya sé que además de ‘white’ y de ‘caucasian’, también soy ‘hispanic’ o ‘latin’.

Y sigo aprendiendo. Y aprender me gusta…

Pero la casilla de raza no me gusta, ni la de estado civil, ni la de religión. Porque, al fin y al cabo, ¿qué más dará?

 

 

Raza y etnia