El carnet de conducir… ¡otra vez!

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¿Quién me iba a decir que quince años después de mi primer examen de conducir me iba a tener que examinar otra vez? Pues el mismo que me iba a decir que algún día viviría en Estados Unidos.

Aquí puedo conducir con el carnet español, entonces, ¿por qué pasar por el lío de sacarse el carnet de Indiana?

  • En primer lugar para evitar cualquier posible complicación en el caso de que me pare la policía. Ya os había contado que el carnet internacional es válido pero creo que si se diera el caso estaré suficientemente nerviosa como para querer explicarle al agente que soy española, que mi carnet es de verdad y que yo no he hecho nada malo.
  • En segundo lugar porque sólo hemos encontrado una aseguradora que acepta carnets que no sean del país y, claro, imponen las condiciones que a ellos les interesan. A partir de ahora podremos comparar y elegir la que más nos interese a nosotros.
  • Y por último, y posiblemente la razón más importante para mi, porque es un paso más en la integración. Porque entiendo mejor cómo conducen. Porque sé cómo funciona una parte de su administración. Y porque a partir de ahora, mi carnet de conducir será mi documento de identificación, igual que el del resto.

¿El proceso? Muy parecido y a la vez muy diferente a España. Se parece en que te examinas de una parte teórica y de una práctica. Y ya. Nada de autoescuelas, nada de prácticas que te cuestan un riñón, nada de tasas desorbitadas… Aquí te dan el librito, te lo estudias, te presentas cuando tú quieres, cuando apruebas pides cita para hacer el examen práctico, lo haces en tu coche y cuando lo apruebas te hacen la foto, una prueba de visión, pagas y listo. Coste total: $17.50 (¡!)

¿Y las sensaciones? Pues parecidas a las de la primera vez… pero con mucha menor intensidad: pereza por tener que estudiar la teoría, algo de nervios en los exámenes (creo que me habría escocido el orgullo si hubiera suspendido) y alegría al aprobar.

Ahora, toca esperar unas semanas a que el carnet me llegue por correo. Y habrá que ir pensando en el próximo reto, ¿no?

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El carnet de conducir… ¡otra vez!

Memorial Day

Algo hay en el ambiente estos días… y no sé muy bien qué es lo que es… Bueno sí lo sé pero no sé exactamente cómo es. El lunes es Memorial Day, último lunes de mayo y día en el que se honra a los caídos en combate.

Las calles y las tiendas se han empezado a llenar de los colores nacionales, hay ofertas especiales para animarte a gastar  y en Indianápolis ya se oye el rugir de los motores… el domingo se celebran las 500 millas.

En el Pueblo nos han contado que el lunes hay un desfile con muchas banderitas, cañones y música patria. Y supongo que, igual que aquí, en muchos otros pueblos harán lo posible por honrar a todos los soldados caídos en las múltiples guerras en las que han participado. Por lo pronto, esta tarde hay concierto de la orquesta sinfónica delante del ayuntamiento (sí, sí, tenemos hasta Orquesta Sinfónica del Pueblo). Ayer ya estaban ensayando y esta mañana los más madrugadores ya habían reservado su sitio.

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Todos los que no quieren perderse detalle

Nosotros, aprovechando que tenemos un fin de semana largo, nos vamos de excursión. Tres días a las montañas… a las Smoky Mountains, en los Apalaches. Nos perderemos el desfile pero quizá encontremos otro desfile en otro pueblo. Y lo que es seguro es que disfrutaremos descubriendo una zona nueva de nuestro nuevo país.

Memorial Day

¿Qué llevas en la maleta?

Muchos me preguntáis qué me llevo cuando viajo de vuelta a USA y, curiosamente, casi nadie me pregunta qué traigo cuando vengo a España (debe de ser porque todo el mundo piensa que lo mejor del mundo mundial ya lo tenemos aquí ;o)

Cada viaje lleva maletas asociadas. Y ninguna es igual a la anterior.

La primera maleta llevaba principalmente ropa, de mi chico, que era el que se quedaba allí. Mi ropa iba en el equipaje de mano.

En la segunda maleta volví a llevar ropa de mi chico y alguna golosina para que no se le hicieran tan largos los primeros cuatro meses que iba a pasar allí.

La tercera maleta llevaba mi ropa. Y poco más. Seguro que sabéis que 23kg de equipaje no dan para mucho.

¿Y la cuarta? Pues principalmente alimentos. No es que echemos muchas cosas de menos, casi todo lo que comemos en Asturias lo podemos encontrar también en Indiana (o en el estado vecino, Ohio) pero hay alguna cosilla que no hemos localizado y alguna otra que tenemos, pero que es muy cara. ¿Y qué cosas son esas? Tomate frito (a uno de los dos le encanta, y no soy yo), aceitunas, atún en lata del rico, banderillas, manzanilla con anís, infusiones diferentes, anís del mono, azafrán, pimentón de la vera, arroz redondo… y alguna otra cosa que no está permitido meter en el país y que mejor no pongo por escrito ;o)

¿Y la quinta maleta? Pues va vacía. Tanto es así, que no llevo nada más que equipaje de mano. Realmente no necesitamos nada, en breve estaremos los dos aquí de vacaciones y, sobre todo, llevar maleta hace que las colas de inmigración que tienes que pasar sean mucho más largas y que la última conexión de vuelos sea más lenta, pesada y estresante que si vas ligero de equipaje.

¿Y tú, qué llevarías?

¿Qué llevas en la maleta?

Las horas

Qué lío de horas…

Esto de que tus dos mundos estén separados por seis horas es un lío. Vaaale, mejor seis que siete o que nueve, lo sé…  las cuentas son más fáciles pero aún así es un lío…

Admiro a las personas que saben perfectamente en qué sentido van las horas… no las agujas del reloj, que eso también lo sé yo, sino aquellas personas que saben que si vuelas hacia el oeste ganas horas, y que las pierdes cuando vuelves; y que el jet lag en un sentido es mayor que en el otro; y qué decir de aquellas que saben en qué momento del día se encuentran cuando los auxiliares de vuelo te traen la comida/desayuno/cena/merienda.

Yo algún día espero ser una de esas personas pero de momento voy buscando mis trucos para no confundirme demasiado.

  • En La Casa tengo dos relojes, uno con la hora de cada uno de mis mundos. Esto es especialmente útil cuando estoy en América pero trabajo en España.
  • En los aviones, entro en un espacio de no-tiempo en cuanto embarco. Como lo que me traen las azafatas sin cuestionarme nada. Intento dormir algo cuando bajan la intensidad de la luz y como no lo suelo conseguir, mantengo mi cerebro con actividad mínima. Es el modo ahorro de energía porque indistintamente de la hora a la que llegue sé que voy a tener un día muy largo y que voy a estar agotada.
  • Y cuando aterrizo… intento seguir el ritmo del día o de la noche… según lo que toque. Mejor no preguntar a mi cuerpo qué hora cree que es y mejor no concederle las siestas que pide a gritos.

¿Y qué es lo que pasa con tanto viaje y tanto cambio de horas? Pues a veces nada. A veces casi ni me entero de que he saltado en el tiempo… pero otras veces el jet lag pega con fuerza y, en función del sentido del salto, un nubarrón de sueño me acompaña a todas horas o una mente clara despejada me visita a las 4 de la mañana. Suele durar unos cuatro o cinco días y, aunque no es nada insoportable, entorpece bastante y te hace parecer bastante más lenta y torpe de lo habitual.

Para la próxima (que será dentro de poco) creo pondré en práctica alguna de las recomendaciones de los viajeros más expertos. Y ya os contaré si funcionan.

 

Las horas

Médico de cabecera, primera toma

Ahora que ya sé qué hay que hacer cuando te pones un poco malo y no tienes un médico de cabecera, el siguiente paso es ver qué hay que hacer para estar registrado en un centro de atención primaria.

El centro lo teníamos ubicado y elegido: el que está más cerca de casa. Cojo pasaporte, papeles del seguro, cartera, llaves, los ojos de mirar bien, las orejas de no perderse detalle y paciencia conmigo misma, por si acaso. Salgo convencida de que hoy vuelvo a casa con médico para los dos.

Pero ya os imagináis que me equivoqué, ¿verdad?

Al llegar al centro de salud me explican que el proceso de registro se hace por teléfono después de haber elegido médico. Te dan unos tarjetones con información sobre aquellos que en ese momento aceptan pacientes (entiendo que el resto tiene la agenda completa) y te dan el número al que tienes que llamar.

Aunque creía haberlo entendido bien, como el proceso no me encajaba en lo que yo suponía que sería la forma más eficiente de funcionar, volví a preguntar. Reformulé lo que yo había entendido y pregunté si era así. Y sí.  Así que media vuelta y para casa.

Leímos los tarjetones, miramos las fotos de los médicos y elegimos uno. Es raro porque eliges sin mucho criterio pero es de suponer que son todos buenos así que llamo para apuntarme (tenemos que apuntarnos cada uno en una llamada, y en persona, nada de ‘por mi y por toda mi familia’). Me toman nombre y número de teléfono y me dicen que me volverán a llamar para solicitarme el resto de datos que necesitan (me vuelve a chirriar la eficiencia, pero sus razones tendrán).

Cuando me llaman, me piden mis datos personales y me dan cita para dentro de tres semanas… ¿me habré explicado mal? Si yo no quería cita, que no me pasa nada… así que vuelvo a preguntar (últimamente pregunto mucho). Y si, lo he entendido bien, la cita es para abrir el historial.

Así que sí, habrá otra entrega.

Y os la contaré, claro.

 

 

 

Médico de cabecera, primera toma

Aprendiendo a ir al médico

Un día te levantas con molestias. Reconoces los síntomas y sabes que toca ir al médico. Y como es algo que no has hecho antes en tu nuevo país, sabes que ese día te toca aprender.

Sabes que en el Pueblo hay un hospital pero no es nada serio así que no vas a ir a urgencias… ¿entonces? ¿dónde hay que ir? ¿qué hay que hacer?

Lo primero, llamar a quien ya lleva aquí una temporada larga, son nuestra principal fuente de referencias, pero en este caso las instrucciones no son muy claras… ellos no han tenido que ir al médico de cabecera así que desconocen los pasos pero me dan unas indicaciones de dónde podría ir.

Primera opción, ir a un centro de salud. Al llegar a uno de los centros que tenemos en el Pueblo me dicen que para que me puedan atender tengo que estar registrada. Y que si no lo estoy tardarán unas seis semanas en asignarme un médico. Mmmm… vale, pues para hoy esta solución no me sirve. Eso sí, tomo nota: tengo que llevar nuestros datos y hacer el registro, por si acaso.

Como suponía que en cualquiera de los otros centros me va a pasar lo mismo, voy directamente al plan B. A la farmacia de la calle 31. En esa farmacia hay algo que llaman ‘minute clinic’ que no es ni más ni menos que una consulta con una enfermera que te puede atender para cuestiones menores. Y ahí sí, la atención fue bastante rápida y la sensación muy buena. Sólo hay una diferencia importante: nada más decirte que te sientes, antes incluso de preguntarte qué es lo que te pasa, te preguntan si tienes seguro médico. Y, una vez que saben cómo van a cobrar, te atienden a la perfección.

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Cuando tienes tu diagnóstico, mandan la receta a la farmacia (la receta no pasa por manos del paciente en ningún momento), pagas y vas a recoger tu bote con pastillas. Y adivinad cómo es el bote… ¡pues como en las películas! Y con el número exacto de comprimidos que te han recetado (¡minipunto para ellos! me gusta que no queden pastillas rodando por el botiquín).

Un par de horas después de haber salido, vuelvo a casa con mi tratamiento y con un montón de pensamientos variados:

  • lección de ‘cómo ir al médico’, aprendida
  • al no encontrarme muy mal, disfruté del aprendizaje (¡bien!)
  • qué torpes somos en entornos desconocidos
  • si te relajas y eres capaz de reírte de ti mismo, esa torpeza es divertida
  • menos mal que no me encontraba muy mal (sí, ya sé que es pensamiento repetido… pero es que lo pensé varias veces ;o)
  • tenemos que registrarnos en un centro de salud y no esperar a estar malos de verdad
  • la atención que recibí fue muy buena
  • la atención que recibí ma pareció cara
  • los medicamentos me parecieron caros
  • es posible que me parezca caro porque es la primera vez que pago el coste íntegro de una consulta de cabecera (y ni en este caso ni siquiera era un médico) y de unos medicamentos
  • qué suerte tenemos de tener sanidad pública en España
  • los seguros médicos que contrato cuando salgo de Europa, compensan
  • si no hubiera hablado inglés, posiblemente habría pasado un mal trago
  • si no hubiera tenido seguro o dinero no me habrían atendido a menos que mi vida hubiera estado en peligro
  • qué suerte que hablo inglés, qué suerte que tenemos amigos a los que preguntar, qué suerte que no nos tenemos que preocupar por el seguro o el dinero… en resumen, qué suerte tengo ¿no?
  • ¿cómo será todo esto para un extranjero no comunitario en España?

 

[Añadido: ya estoy bien del todo, esto fue hace varias semanas, no fue nada serio y el tratamiento que me dieron funcionó a la perfección :o) ]

 

Aprendiendo a ir al médico

Driving in the USA

Para conducir por aquí lo único que necesitas es tu carnet internacional, ese librito como de otra época que te dan en Tráfico. Con eso y una tarjeta de crédito ya puedes alquilar un coche y lanzarte a la carretera. carnet

Claro que hay algunas cosas que, al menos yo, tuve aprender el primer día que me puse al volante.

La primera, y posiblemente la más fácil, es que los coches aquí son automáticos. Tienes que aprender a no utilizar la pierna izquierda para nada de nada y acordarte de lo que significan las letras de la palanca de cambios: P cuando estás aparcado, R marcha atrás, D para conducir, N punto muerto y L para conducir en marchas bajas. El resto es coser y cantar.

Lo segundo es aprender las normas que difieren de las nuestras. Las señales son fáciles, se parecen mucho a las de España y en muchos casos está escrito (y no sólo representado) lo quieren decirte. Así que las señales, sin mayor problema.

Pero hay alguna otra cosilla que conviene no olvidar:

  • Ante un semáforo en rojo puedes girar a la derecha siempre y cuando cedas el paso al tráfico que está circulando.
  • Si el semáforo en rojo parpadea es un STOP.
  • Cuando llegas a un cruce en el que ambas vías y en ambas direcciones tienen un STOP (4-way), la preferencia va en el orden de llegada. Y da gusto ver cómo se respeta.
  • Si ves un autobús escolar parado y con los cuatro intermitentes encendidos, ya sea en bustu carril o en el contrario, hay que parar.
  • Cuando un vehículo de emergencia se aproxima con las luces encendidas, el mundo se para. No sólo te apartas para dejar paso, también tienes que pararte hasta que la ambulancia, policía o bomberos hayan pasado.
  • Y en Indiana (aún no sabemos muy bien si en el resto de estados también es así) si hay un vehículo de emergencias parado en el arcén, hay dejar el carril más próximo a ellos libre. Es decir, en autopistas hay que pasar de la izquierda y en vías de doble sentido, siempre y cuando no venga nadie, hay que ir por el carril contrario. Y si no se puede, hay que reducir mucho la velocidad y pasar junto al vehículo de emergencia muy despacito.
  • Y por último, si te para la policía, baja la ventanilla, enciende la luz interior (si es de noche), pon las manos en el volante y no te muevas hasta que el agente no te indique lo contrario. Puede parecer exagerado (y a mi me da miedo sólo de pensarlo) pero hay que tener en cuenta que aquí los policías no saben lo que se van a encontrar al acercarse a tu coche… puede ser un turista asustado, un ciudadano de bien o uno que no dudará en sacar un arma de la guantera si la cosa se pone fea.

No voy a negar que al principio conducir por aquí da un poco de respeto… igual que en cualquier otro país que no es el tuyo, pero en general es fácil. El volante está a la izquierda y se circula por la derecha, los límites de velocidad son bastante bajos, hay bastante tráfico pero los carriles son anchos, las carreteras rectas y algo aburridas (aunque el firme no es nada bueno) y. al menos en el Pueblo, los conductores son muy respetuosos. Y aparcar… si eres de los que nunca encuentras un sitio suficientemente grande ¡este es tu sitio!

Driving in the USA